Escritura,  Literatura,  Mis textos

RELATO| Feliz día de las escritoras, Kiera (#ProyectoNuevaYork)

KIERA

No comprendo esta narrativa. Miro el enorme cesto de mimbre que alguien ha dejado enganchado al pomo de mi puerta (el servicio de correos del Studio, por lo que he podido leer en la tarjetita que colgaba del asa) como si fuera una especie animal aún por descubrir. No, no es por el cesto sino por lo que contiene; hay un montón de ramos de rosas blancas y cajitas que, guiándome por mi olfato, intuyo que son bombones.

Maldigo la hora en la que acepté que Clarence Jefferson me entrevistase. ¿Desde cuándo soy mi primo Albert cayendo rendida ante hombres que llevan el peligro en el aura?  A ver, no es que Clarence sea peligroso para mí ni peligroso en un sentido malo o delictivo como sí me lo parece el señor Herzog, pero en este momento me maldigo por no haber previsto esto; aunque en ningún caso imaginé que algo así pudiera pasarme nunca.  

Personas, muchas, enviando regalos por el día de las escritoras. Pero ¿acaso los merezco? Aún no he publicado nada importante, solo he compuesto canciones para amigos de Barcelona y poco más…

Claro que las flores y los bombones no son para Marina, me recuerdo, sino para Kiera, la persona que soy ahora: Kiera Livingston, la heredera de los Livingston, la única que habrá…supongo que dentro del cesto encontraré cartas a mano (¿Por qué di tantos datos en esa entrevista?), flores, bombones…tal vez incluso algún perfume suave, libretas, algún libro…vete a saber, yo no entiendo nada de fama; yo siempre he sido discreta.

—¡Madre mía Kiera! Se me han adelantado todos los extranjeros…aunque técnicamente también lo soy —. Aaron se acerca con su caminar elegante y su perfume suave anuncia su inminente llegada a mi posición.

—No te rías por favor, se me van a morir la mitad de las flores, voy a tener que responder las cartas, voy a engordar si como todo ese chocolate…

—Vaya… —. Sus ojos oscuros bajan al suelo y veo que lleva una mano tras la espalda. Kiera, eres una idiota.

—Aunque si mi primo argentino me trae algo…los regalos nunca se rechazan ¿no?

—En realidad es tanto mío como de Cristina; has sido muy buena con nosotros, nos has ayudado muchísimo—. Me tiende una cajita violeta con su pequeño lazo y todo; lo deshago con cuidado y la abro; dentro hay 6 bombones de chocolate con leche recubiertos con crema de cacao.

Recuerdo la visita de la esposa de mi amigo y que él se marchó unos días a Argentina con su tía-abuela para visitar a la familia que tiene allí, aunque tienen parientes por casi todo el mundo según me contó, cosas de gitanos, me dijo. Lo cierto es que acabo de caer que él no tendría que estar aquí ya que tiene su propia casa… ¿Ha venido expresamente a traerme este regalo? Definitivamente quiero un hombre o mujer como Aaron en el futuro, por favor deidades.

—Oh cielos, que buena pinta tienen.

—Albert, son míos, tu puedes comer de los que haya en el cesto, apuesto a que hay 50 por lo menos.

—Que generosa eres prima. Yo también te quiero.

—Albert, te digo esto porque es verdad. Si quisiera tomarte el pelo te diría que si quieres un buen bombón vayas a ver a Clarence…

Aaron y yo reímos a la vez cuando mi primo se sonroja. Ambos me ayudan a entrar la cesta a la habitación y Albert me entrega una libreta con motivos de ositos de peluche y sonrío. Guardo los presentes de los hombres que me acompañan en la bolsa—bandolera y los tres salimos de nuevo al pasillo para ir hacia el Studio y nuestras diferentes facultades.

Cuando el ascensor se abre en el vestíbulo y veo a George plantado en el centro del mismo sin posibilidad de que le evitemos, me sujeto del brazo de Aaron buscando su ayuda. Albert pone los ojos en blanco y camina tras de mí para cubrirme las espaldas. Por un momento confío en que no nos vea porque mira hacia otro de los múltiples ascensores, pero entonces la bola del bastón hace ruido por el cambio de la moqueta al mármol y maldigo a todos los dioses del Olimpo por ello. Se gira y sus ojos encuentran los míos; avanza hacia nosotros con un ramo bajo el brazo; espero que no lleve algún gas venenoso en las flores…

—Buenos días querida Kiera, es una enorme alegría verte… — Diosas dadme paciencia. Finjo lo mejor que puedo que siento lo mismo.

—Buenos días George, no tenías por qué venir, nos hubiéramos podido encontrar en el Studio —. Te podría haber evitado con una escolta mayor en el Studio, más bien.

—No es molestia querida. Además, es un día importante para ti. Estoy seguro que el profesor Livingston te ha preparado un día ajetreado, como siempre—. Miro a Aaron y Albert para que me confirmen si ellos también han apreciado el tono de reproche; ambos ponen los ojos en blanco.

Usaría la excusa de que llegaremos tarde si no supiera que eso solo parecerá una invitación para que venga con nosotros ya que todos vamos al mismo sitio. Apolo ilumíname para evitar esta tortura.

Como si mis plegarias hubieran sido escuchadas y atendidas de inmediato, Indra entra por la puerta como la enviada de les dioses hindúes que cada vez tengo más claro que es.

—Buenos días querides—. Me mira y luego mira a Albert, Aaron y por último a George—. Sonny espera en el coche; lo siento George, no cabemos todes.

Creo que oigo cantar a los ángeles.

—Nos veremos en otro momento George.

Aaron me acompaña a la vez que seguimos a Indra y Albert hasta el coche. Cuando veo a Sonny sonriendo siento que me relajo.

—Buenos días papá. —Me doy cuenta de lo que he dicho cuando oigo el sonido de mi voz en el aire; todos me miran. Sonny con los ojos muy abiertos, el resto con cariño. Es Aaron quien me suelta y me deja avanzar hacia él. Con cuidado y torpeza le abrazo y apoyo la barbilla en su hombro derecho.

—Buenos días hija. —Me estrecha y siento la paz que transmite a pesar de ser la persona más caótica que conozco.      

—Gracias por salvarnos. Estaba rezando a Apolo cuando has aparecido. — Miro a Indra y le sonrío.

—De nada querida; Sonny y tú sois mi familia y, por extensión, también Albert, Aaron y quien tu decidas—. Indra me acaricia el pelo después de que Sonny me suelte y yo la abrazo un momento con cuidado; los hombres se sorprenden por el sonido que emiten, pero no veo sus expresiones.

—Todos a bordo; próxima parada el Studio 12—. Anuncia Sonny y todos obedecemos. Indra ocupa el asiento de copiloto y yo me siento con los chicos detrás, entre ambos.

No tardamos en llegar a destino y todos nos despedimos en el patio para dirigirnos a las diferentes facultades; cuando Sonny y yo entramos en nuestra clase encuentro 2 paquetes y un sobre encima de su mesa; le miro extrañada.

—¿Creías que íbamos a celebrar el día de las escritoras y no tendrías regalos? ¿Qué clase de padre y profesor crees que soy? —. Pone tono de falso dramatismo mientras se lleva la mano al pecho como si le doliera el corazón.

—Uno muy dramático…pero gracias, te quiero mucho—. Ambos sonreímos. Me acerco a la mesa y me fijo que todos traen tarjeta excepto el sobre; uno es de Carson, el otro de Mason y el tercero de Sonny, pero ¿Qué es y quién me envía ese sobre?  

—Empecemos por los paquetes; aquí tienes el mío—. Me tiende un paquete rectangular y lo abro; le miro con los ojos muy abiertos. Saco la grabadora que contiene y sonrío. — Así no tendrás tanto trabajo; y dejarás de pedirme la mía—. Ríe y yo sonrío como en los días de navidad.

 —Gracias, me ayudará muchísimo.

—De nada, lo suponía. ¿Quieres abrir el resto?

—¡Pues claro!

El otro paquete que me entrega también es rectangular pero más voluminoso que su regalo. La nota pulcramente escrita me dice, sin necesidad de leer la firma, que ese es el regalo de Carson.

Querida Kiera;

Sigo viajando de acá para allá y curado gracias a tu energía. Espero que este detalle te aporte inspiración, porque tú ya eres luz.

Volveré pronto.

Con todo mi cariño;

Carson Carter.

Sonrío, Carson es un chico valiente, lo más cercano a un hermano que tendré nunca. Me había acostumbrado a su presencia y excentricidades de escritor ídolo de masas. La prensa especula a veces con nuestra posible relación sentimental y me pregunto si no pueden ver a un hombre y una mujer como simples amigos.

En el paquete, envuelto con cuidado y buen gusto, hay un ordenador portátil extrafino; ideal para combinarlo con el regalo de Sonny; ¿se habrán puesto de acuerdo a mis espaldas?

—No merezco que gastéis dinero en mí, de verdad.

—Dice la que se gasta un pastizal cada navidad o cumpleaños y que piensa con 4 meses de antelación los regalos de cada uno. Déjate malcriar.  

Sonny me tiende el sobre y lo abro; dentro hay una carta, más concretamente un as de corazones. Lo acompaña una nota de mi mago favorito.

Querida mujer maravilla:

Siento que la gira me tenga lejos, pero bueno, el año pasado fue sabático y no lo puedo remediar. Cuando vuelva iremos al teatro a ver lo que quieras.

Gracias por todo.

Lucca/Lux

—Tienes a demasiados hombres pendientes de ti; voy a tener que ponerme serio.

—Ninguno te va a robar tu sitio; te debo mucho. Gracias por hacer de mensajero.

—Un placer. Creo que debo irme, piden turno—. Miro hacia la puerta y veo a Mason; se pasa una mano por el despeinado cabello y evita mi mirada; Sonny me besa la frente y sale dejando la puerta abierta, los dos hombres se abrazan y Mason entra.

—Perdón, no quería distraeros.

—Da igual, creo que Sonny va a buscar las cosas para la clase, así me haces compañía. Aunque te hacía en la facultad de interpretación.  

—Sí…bueno…allí me iba, pero…yo…quería desearte un feliz día.

—Gracias Mason. Si eso es todo puede retirarse, soldado—. Me mira y yo le saco la lengua—. No soy de la realeza Mason.

—Tu eres princesa sin necesidad de formar parte de la realeza o tener que ver con ella por uniones matrimoniales.

Eso sí me ha pillado a contrapié. Toma mi mano e inclina la parte superior de su cuerpo y su cabeza hacia el agarre.

—Siempre es un placer ayudaros milady—. Me dedica una de sus sonrisas sinceras, aunque tímidas y cuando creo que va a besar mi mano oigo un carraspeo más exagerado de lo normal.

—¿Qué pasa?

—Oh, nada primo Sonny; solo me despedía de Kiera hasta el viernes; nos veremos a las 9 de la noche en el restaurante Stella de Little Italy, es mi regalo por el día de las escritoras.

—Sí, allí nos veremos, gracias por invitarme—. Contesto aun no sé cómo, Mason Windslow no deja de sorprenderme nunca.

El británico inclina la cabeza ante ambos y se marcha tras estrechar la mano de Sonny. Me siento en la silla fingiendo interés por la lección y que no se note que mis piernas son de gelatina ahora mismo.

Tras la lección sobre escritoras destacadas de la historia, me como los bombones de Aaron antes de que se echen a perder y vuelvo a la residencia logrando evitar a George. No me esperaba que alguien se fuera a acordar de alguien como yo en un día así; sonrío y cierro los ojos ya en pijama y en la cama con la luz apagada; definitivamente Nueva York me ha cambiado la vida.  

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *